Son los auténticos sucesores del espíritu prog en su lado comercial de bandas de los setenta y ochenta como GTR, Camel o Jethro Tull en su disco “Crest of a Knave”. RPWL deberían dar el salto, transformarse en un formación de estadios, de esas que ponen a miles de personas en pie. Tienen calidad para ello, con este disco lo reafirman, no tan bueno como su predecesor, que era un trabajo de matrícula de honor (hablamos de “World through my eyes”), pero no obstante un pedazo de cedé que cualquier aficionado al progresivo debería tener en su estante al lado de plásticos de Gentle Gian, Starcastle o Gong. Así de buenos son, para un servidor, esta gente: en la actualidad sólo superados por Porcupine Tree y Blackfield, así están las cosas, el que quiera oír que oiga.
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