Sello: Frontiers
Mucho se ha hablado en la red acerca del proyecto que Michael Kiske venía acariciando hace años: o sea, grabar versiones acústicas de su paso por los míticos Helloween, una de las formaciones más trascendentales del metal germano, y más influyentes, por más que su influencia ha ido demasiado lejos en ocasiones, pero ese es otro tema.
La polémica giraba en torno a las afirmaciones hechas hace mucho tiempo por Kiske sobre su absoluta falta de interés por el mundo del metal.
Digan lo que digan, y diga lo que diga Kiske, está claro que estamos ante una de las voces privilegiadas del mundo del heavy metal en todas sus épocas, uno de los cantantes imprescindibles para entender la evolución del género, y si él quería coger canciones en las que había compuesta parte y hacerlas en plan acústico, no tenemos nada que objetar, son suyas y él puede hacer con ellas lo que quiera.
Habrá fans que no se lo perdonen, por un lado por haber “renegado” del metal, y por otro por convertir en canciones acústicas unos temas que nacieron, se supone, para ser himnos del metal.
Lo que está claro es que estos cortes, cogidos de las dos partes de los “Keeper”, del “Chameleon” y del “Pink Bubbles Go Ape”, son parte de la historia del rock, y si en los noventa hubo muchos grupos que transformaron sus canciones en himnos acústicos, no sé por qué ahora a la gente se le va a ocurrir decir que Kiske no tiene derecho a hacer lo mismo con sus canciones.
Por otro lado, hay que decir que la ejecución de las canciones es perfecta, canciones como “I Believe” o “Kids of the Century” toman un nuevo sesgo en este elepé en el que no sobra nada, ni siquiera la portada.
Dejémonos de tontos prejuicios y apoyemos a uno de los músicos esenciales para entender el heavy metal de los años 90, ese heavy metal tan maltratado al que el señor Kiske rinde pleitesía como mejor sabe hacer: cantando.
Artículo escrito por ignacio rielas