A las 6.500 personas que agotaron las entradas del concierto de Iván Ferreiro el pasado viernes en la Sala Multiusos de Zaragoza poco parecían importarles los 40 grados que todavía castigaban la ciudad a la hora del show. El plan era claro: disfrutar de la vida —musical— de Iván Ferreiro, en una propuesta que, bajo el título de Hoy por ayer, recorre toda su trayectoria y permite volver a escuchar —para muchos, por primera vez— un buen puñado de canciones de su etapa al frente de Los Piratas que llevaban tiempo sin sonar en directo.
Durante dos horas, Ferreiro desplegó sobre el escenario una generosa colección de himnos de la banda gallega. Desde el “Hoy por ayer” que abrió la noche hasta el espectacular cierre con “Mi coco”, sonaron temas como “Inerte”, “M”, “Reiniciar”, “Mi matadero clandestino” o la imprescindible “Años 80”. También hubo espacio, en la misma medida, para su carrera en solitario, con “Extrema pobreza”, “El viaje de Chihiro”, “Diecinueve” o “Turnedo. Todo ello, sostenido por el sólido sonido de una banda más que engrasada tras tantos años de carretera, tanto junto a Ferreiro como en otros grandes proyectos, con nombres de peso como Ricky Falkner, Pablo Novoa y, por supuesto, su hermano Amaro.
Pero la intrahistoria de este concierto fue también parte de lo que lo hizo especial. El show no debería haberse celebrado ese viernes, sino al día siguiente. El azar quiso que ese sábado fuera la fecha escogida para inaugurar el Estadio Ibercaja de Zaragoza como escenario para grandes conciertos. Lo haría Leiva, ante más de 23.500 personas y que agotaron con rapidez las entradas. Y ante la más que posible situación de ensombrecer el concierto de Iván Ferreiro, y con una larga amistad de por medio —de la que hemos sido testigos en escenarios, Náuticos y documentales—, el madrileño y el gallego sellaron un pacto: Iván trasladaba su concierto al viernes para que Leiva pudiera cantar con él en la Multiusos, e Iván haría lo propio al día siguiente en el Estadio Ibercaja.
Y así ocurrió. Leiva apareció sobre el escenario de la Sala Multiusos para interpretar junto a Iván cinco canciones: "El pensamiento circular",“Promesas que no valen nada”, “Breaking Bad”, “S.P.N.B.” y una versión de “Insurrección”, de El Último de la Fila. Fue recibido con grandes vítores, como también ocurrió para Iván al día siguiente: ahí estaban Iván y Amaro ante las 23.500 personas que llenaban el concierto más multitudinario fuera de Madrid de toda la trayectoria de Leiva. Allí volvieron a sonar “Breaking Bad” e “Insurrección”, pero también “It’s Only Rock and Roll (But I Like It)”, de The Rolling Stones, y una “Turnedo” cantada por todo un estadio que puso la piel de gallina. Iván, visiblemente emocionado todo el repertorio, llorando junto a su amigo en una de esas imágenes que explican mejor que cualquier discurso lo que significa compartir canciones durante tantos años y cómo sigue tocando el corazón cada conquista musical.
Así vivimos el triunfo del rock, de la amistad y de un tipo que lleva 35 años escribiendo canciones sin las que la vida no sería igual.