Lleno absoluto de dos noches en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza para ver el nuevo show de La Maravillosa Orquesta del Alcohol, y disfrutar de su característico sonido folk-rock. Expectación máxima tras su parón, que como en tantas otras ciudades hizo colgar el sold out con muchos meses de antelación. Era el sábado la segunda noche en la ciudad del cierzo, en la que ni el pleno puente festivo frenó la propuesta: podían haber sacado otras tantas fechas sin dudas sobre llenar el aforo.
La pausa ha sentado bien a los de San Felices, que han regresado con un disco absolutamente vitalista bajo el brazo. Y esos himnos al optimismo y a la búsqueda de la felicidad han calado a fondo en su repertorio. Diez de los trece temas de su nuevo álbum sonaron durante la noche, y parecieron llevar entre nosotros ya mucho más de ese mes y medio que llevan acompañándonos, a juzgar por como se coreaba cada uno de ellos. Un hedonismo contagiado a los presentes, que se dejaron los pulmones gritando a ese optimismo, y que compraba con abundante fila las camisetas con las frases de estos nuevos temas. Un apoyo extra a una banda a la que la quiebra de su ticketera -que recordaron en el concierto- les pilló el en peor momento posible de su trayectoria, compartiendo su problema con otros tantos grupos del panorama nacional.
En total, 30 canciones y una puesta en escena tan sobria como efectiva: un gran rótulo con sus siglas sobre una azotea industrial servía de trasera de un escenario que era pura declaración de intenciones: sobriedad, sin artificios. Escondiendo tan poco como puede ocultarse tras una camiseta de tirantes. Con el colofón festivo que dan 1932, Héroes del sábado y Mañana voy a Burgos. Con el clímax de varios de sus músicos tocando en un gran círculo entre la cercanía del público. Con una banda engrasada de sonido impecable, a la que la pausa, la búsqueda de la esencia en sus raíces, los nuevos temas y la incorporación de Marina López como contrapunto femenino que encaja de forma natural en la formación han revitalizado de forma manifiesta.
Y es que en noches como ésta, los tiempos que vivimos eran los mejores... y no lo sabíamos. Qué ganas de volver a verles.