Sello: Nuclear Blast
De cuando en cuando se produce el advenimiento de un nuevo grupo dentro del metal extremo que nos hace recobrar la esperanza en la escena subterránea, por más que muchos de los combos que se nos presentan como “nuevos” no hacen sino repetir esquemas ya sabidos.
Divinity son una buena banda con un disco de debut que pretende romper esa maldición de las agrupaciones que suenan a “cosa ya hecha”.
Y lo consiguen en parte tomando influencias de los combos más audaces de la escena radical de nuestros días: en este disco, ya desde la misma portada, se ve la sombra de Messuggah, compañeros de sello de Divinity, y uno de los combos más interesantes que uno pueda encontrarse. Pero no se quedan ahí estos tíos procedentes de Canadá, no son ni mucho menos una copia de los suecos, porque eso además sería ridículo, dado que la música de Messuggah tiene un toque tan personal que imitarlos al cien por cien sería caer en el ridículo.
No, como decimos esta gente tiene varias influencias, y otro grupo del que también toman elementos es de, otros suecos, Cult of Luna, olvidados orfebres de la metalurgia radical antártica que tanto han hecho por la música extrema.
Divinity toman, además, elementos del metal extremo comercial o emocore, en las voces limpias del cantante, que por momentos puede recordar a uno de tantos de esas formaciones emo que se han puesto de moda. Lo que pasa es que no lo hace siempre, sino que se pasea también por ambientes metalcore que darían envidia a los mismos Himsa.
En la tierra de Strappiing Young Lad sigue habiendo buenas formaciones de metal extremo. Y esperamos que las cosas sigan así.
La producción y la mezcla han corrido a cargo de toda una personalidad dentro del mundo del metal: Tue Madsen (Dark Tranquility, The Haunted, Aborted), y el grupo ha compartido cartel con combos tal emblemáticos para el extremo como Cannibal Corpse, Overkill, Into Eternity, Quo Vadis y Kataklysm.
Háganse con él los amantes de las emociones fuertes. El disco es sorprendente, añejo a la par que novedoso, con una caña que no veas e ideal para darte marcha para el cuerpo.
Artículo escrito por ignacio rielas