Sello: Santo Grial
Se ha acusado muchas veces a los hermanos de Castro de no haber dado final a la aventura de Barón Rojo después del abandono de los míticos Serpa y Hermes Calabria, con quienes crearon la auténtica leyenda de la que dicen es la banda de heavy metal española más exitosa de todos los tiempos, al menos en la península, pues ahí están Ángeles del Infierno como máximos vendedores de discos a nivel mundial.
Algo de razón tienen los detractores de la carrera de Barón Rojo después de aquel “En un lugar de la marcha”; pero también es cierto que el artista tiene que expresarse, y que condenar al olvido a los hermanos de Castro es una injusticia cruel e innecesaria de la que nadie sale ganando nada en absoluto. Me parece que puesto esto en claro, es hora de enaltecer la labor de los hermanos de Castro en los últimos años luchando por la continuación de la leyenda.
Cierto es que los discos que Barón Rojo editan ya no son “Volumen Brutal” ni nada parecido; cierto es, repito, pero también es cierto que en el último redondo de Barón Rojo se dan cita una serie de canciones que ya les gustaría ser firmadas por algunas de las luminarias del metal nacional (y mejor no decimos nombres, que luego todo se sabe). Estamos ante un trabajo digno, mucho menos metálico de lo que se podría esperar por alguien que sólo conozca la etapa inicial de Barón en los ochenta. Parece que los hermanos de Castro han vuelto al rock and roll, aquel mismo rock and roll que animaba sus espíritus en la época en que todavía eran miembros de Coz, antes de fundar Barón Rojo.
Un disco digno para unos músicos cabales, que no han dado su brazo a torcer, y a los que tuve ocasión de contemplar en directo en la gira con Judas Priest; no estaban en mala forma los hermanos de Castro, y sus compañeros de batallas se lo hacían muy bien.
Artículo escrito por ignacio rielas