Sello: Century Media
Si algo tiene el metal que lo hace prácticamente inmortal después de cuarenta años es su capacidad para reinventarse, de ir cambiando sin dejar de ser eso mismo, metal auténtico.
La prueba de esta afirmación la encontramos en este disco de los alemanes Heaven Shall Burn, una formación que nació a finales de los noventa practicando un estilo que entonces no tenía nombre (algunos lo bautizaron como “rock industrial radical”, como podrían serlo bandas de híper colgados al estilo Atari Teenage Riot, aunque sin el mensaje intelectual de estos), luego, con el tiempo, y tras la muerte del nu metal, este estilo recibió una nueva denominación: metalcore.
A nadie que siga los lanzamientos de Century Media le debe extrañar que un grupo de esa escudería se dedique, precisamente, al metalcore; son docenas las bandas de metalcore que firman con Century Media y que son acogidas por el abrazo de este sello tan emblemático.
Lo que hace distintos a Heaven Shall Burn, al menos en los últimos tiempos, es que han cogido influencias (más que influencias en algunos casos) de las formaciones de death melódico de Gotemburgo (In Flames serían un buen ejemplo de lo que decimos) y las incorporan a su sonido metalcore, produciendo un híbrido que ni es death melódico sueco ni es metalcore puro americano.
Unos claros antecedentes de este sonido combinado lo tenemos en los alemanes Nearea, quienes con su último disco se acercan a los postulados de Heaven Shall Burn, aunque eso sí, viniendo precisamente del lado contrario, del lado de death metal.
El resultado es un disco muy potente, largo para un disco de metalcore, casi una hora de duración, porque esto, en definitiva, no es metalcore, sino deathcore, una nueva etiqueta a la que tendremos que ir acostumbrándonos. Sabemos que existió en tiempos la etiqueta deathcore, a finales de los ochenta, para designar otro hibrido: la mezcla entre el death metal y el hardcore; pero no hablamos de lo mismo.
Un disco que va a gustar tanto a los seguidores del death melódico de Dark Tranquility en “The Gallery” o “Projector”, a la gente que se haya agenciado lo último de Engel (también suecos) como a los compradores de los álbumes de At All Cost o los brutos de Himsa. Entre las dos escuelas anda el juego.
Artículo escrito por ignacio rielas