Sello: Mascot
Nadie puede sorprenderse por el contenido de este disco: cuando se junta un guitarrista como Tony Macalpine con un bajista como Billy Sheenah y un batería como Virgil Donati, tenemos dos cosas muy claras:
La primera: este va a ser un disco de rock instrumental, con incursiones tanto en el heavy, como el rock clásico, como en la música de raíces y hasta el jazz rock. Tony Macalpine tiene un nivel que ya no le hace falta demostrar nada (otro tanto les pasa a su sección rítmica, claro, pero es que el protagonismo de este disco revierte casi de forma total en Macalpine; si hubiera habido teclados, como en su otro proyecto Planet X, quizá le podrían haber quitado parte del protagonismo, pero no siendo así, esto es lo que hay).
La segunda cuestión que se dilucida enseguida es que estamos ante un trabajo de un nivel de ejecución altísimo, con un poder de convicción fuera de toda duda, como si lleváramos toda la vida oyendo a esta gente, no sólo en sus proyectos por separado (recuérdese por ejemplo la parte de estrella del rock que jugó Billy Sheenan a finales de los ochenta y primeros noventa con Mr Big), sino también como banda, que aunque no tiene nada más que este disco con esta formación, parece como si llevaran toda la vida tocando juntos.
Es lo que tienen los grupos cuando hay talento tocando, que no les hace falta estar mucho tiempo juntos para parecer una banda conjuntada.
La cosa es que este disco queda del todo recomendado a los amantes de los proyectos paralelos de los componentes de Dream Theater, como The Jelly Jam, o a lo que saca el guitarra de King’s X Ty Tabor, también para los que sigan la carrera de Planet X, o incluso la de Derek Sheriniah cuando cede el protagonismo a los grandes guitarristas que le ayudan en sus cedés en solitario.
Artículo escrito por ignacio rielas