Sello: Insideout
Se dice de Devin Townsend que camina en la delgada línea que separa la locura de la genialidad, o la genialidad del absurdo. Lo cierto es que según él mismo dijo hace muchos años a la prensa especializada, Devin está sometido a tratamiento psiquiátrico por algún tipo de esquizofrenia o algo por el estilo, lo cual, según parece no le afecta a su capacidad creativa, más bien todo lo contrario.
Devin es uno de esos fichajes atípicos del sello Insideout, pues no practica ningún estilo de rock progresivo en ninguna de sus variantes, más bien su música, a ver cómo la definimos, es algo así como una amalgama de estilos, con un toque industrial por aquí, un toque metálico por allá, unos coros extraños y esquizoides (nunca mejor dicho) y unas guitarras que son pura poesía.
Lo cierto también es que este músico es uno de los pocos de los que se puede decir que practica un estilo propio, que tiene su propio sonido y que no copia a nadie, si acaso a sí mismo, porque siendo como fue Devin el líder de los míticos Strapping Young Land, se encuentran muchas similitudes entre el sonido de su banda y el que tiene él en solitario. También, para los entendidos, podemos decir que este disco de Devin se parece bastante a lo que hizo con aquel otro proyecto llamado Ocean Machine.
Devin se dio a conocer como músico de apoyo con el virtuoso Steve Vai, lo que puede dar una idea de su competencia como instrumentista.
En definitiva, lo que tenemos aquí es una obra personalísima de un hombre que, sí, quizá esté un poco para allá, pero que también es uno de esos genios del siglo veintiuno en una época en la que la gente califica demasiado deprisa de “genio” a los artistas. Devin es un genio de verdad, y este trabajo se lo recomendamos a los amantes de los sonidos duros, cercanos al industrial, y también a los que busquen emociones fuertes sin llegar al extremismo.
Un tío cabal.
Artículo escrito por ignacio rielas