Sello: Frontiers
Llevan ya tres cedés desde su retorno estos señores americanos que en los años ochenta estuvieron a punto de convertirse en un súper grupo multi ventas pero que por culpa del cambio de modas se vieron relegados ya para siempre a un segundo plano dentro del AOR.
Los miembros fundadores principales de House of Lords, a nuestro modo de ver, fueron Grez Guifria, teclista de amplio pasado, y el vocalista James Christian, un hombre que podía haber sido una estrella a la altura de los grandes voceras de los ochenta –como Lou Gramm o David Coverdale- pero que, como hemos dicho, por culpa del cambio de modas se ha visto para siempre relegado a los clubes.
Tuvieron sus discos en los ochenta y principios de los noventa, y después de su vuelta, ya sin Guifria en los teclados, se nota la falta de este señor, por más que sea ahora en este último disco donde el propio James Christian, aparte de cantar (y muy bien por cierto), el que toque todos los teclados del compacto, y lo hace de un modo muy elegante, consciente de que nunca podrá compararse al genio Guifria, pero dándole al trabajo un ambiente como el que tenían aquellos elepés de los ochenta, de finales, como “Out of silence” de Dare, al que me recuerda todo el tiempo, o al debut de aquella otra súper banda que fueron Bad English, por no hablar de las grandes formaciones de AOR de aquellos años, Foreigner y Journey entre otras. A Foreigner y su “Agent provocateur” hemos de remitirnos constantemente cuando oímos temazos de factura ochentera como “I need to fly” o “Come to my kingdom”, dos enormes canciones que ocupan el lugar segundo y tercero.
Atención también a alguna balada que hay por ahí suelta, cantada con un gusto muy delicado.
El regreso de House of Lords no ha sido un espejismo, les ha costado levantar el vuelo, pero a nuestro modo de ver este disco es, de los tres sacados desde su vuelta, el mejor.
Artículo escrito por ignacio rielas