Sello: SPV
Se les está acusando a Kamelot de haberse vuelto “demasiado progresivos”, de haber dado hace años un viraje a su música que los ha convertido de una banda de power metal melódico en un grupo casi de la onda, digamos, de Dream Theater.
Tampoco hay que exagerar. Por un lado es cierto que estos noruegos están avanzando a pasos agigantados en la evolución de su música, sus dos últimos discos, “black Halo” y el que nos ocupa, han perdido parte de esa esencia power que les caracterizó en su momento. Pero es que toda banda que se precie ha de evolucionar, y si es para bien, pues mejor que mejor. Ya les pasó a Paradise Lost, que se volvieron bastante electrónicos y ahora han dado el viraje de nuevo hacia la música metal.
El caso de Kamelot es parecido, sólo que ellos han encontrado lo que podríamos llamar “el camino correcto”, la forma de hacer música cada vez más complicada sin tener que renunciar a sus raíces. Porque hay power aquí, lo que pasa es que Kamelot son demasiado buenos, demasiado grandes artistas como para estar siempre repitiendo los mismos esquemas, los que los han convertido en una de las formaciones más interesantes del panorama nórdico.
“Ghost opera” se nos presenta como continuación a “Black Halo”: un disco de power progresivo que suena muy bien, con la voz del señor Khan convertido en maestro de ceremonias de una banda que, no nos olvidemos, nació con cierto estigma de grupo de culto seguidor de aquellos olvidados Crimson Glory americanos.
En el disco tenemos los medios tiempos de rigor, los temas cañeros, las canciones que elucubran sobre un mundo mejor para el power metal, que, según los entendidos, es un género que ya cayó en desuso hace tiempo y al que hay que buscar un relevo. Quizá Kamelot han hallado la respuesta. Nunca se sabe.
Artículo escrito por ignacio rielas