Sello: Metal Blade
Toda una sorpresa la edición del nuevo disco de Lizzy Borden, pues desde 1989 sólo han editado un redondo, “Deal With the Devil”, en el año 2000 y para el sello Nuclear Blast, por lo que poca gente era ya la que andaba esperando un nuevo plástico de esta gente, hoy una banda casi olvidada pero en otro tiempo adalides del mejor heavy metal hecho en América, lo que se dio en llamar Metal Usa 80’s, según los entendidos.
Hay muchas más sorpresas dentro del disco; por lo pronto, la intervención en las mezclas del señor Erik Rutan, más conocido por haber sido miembro de Morbid Angel y de Hate Eternal, dos de las mayores leyendas del death metal añejo de los USA.
También hay una serie de intervenciones de lujo en el disco; entre ellas, las de gente de su generación como el gran George Lynch de Dokken, quien mete algún que otro de sus solos hiper atómicos en este redondo, y le confiere ese aire de calidad que puede que faltar en las entregas primigenias de Lizzy Borden, un grupo que, al menos en sus años primeros en los ochenta, nunca fueron demasiado técnicos. Otro invitado de lujo es nada menos que Dave Meniketti de Y & T, una formación que practicaba un hard rock melódico en la fase final de su existencia, pero que en los primeros ochenta estuvo muy encadenada al Metal USA 80’s. También andan por ahí gentes como Corey Beaulieu (Trivium), Jonas Hansson (Silver Mountain), Eric Rutan como músico invitado (Hate Eternal/ex-Morbid Angel), Michael T. Ross (Angel/Hardline); o sea, que como veis todo un desfile de autoridades dentro del metal del de ahora y del de antes.
En cuanto a la banda, encontramos por supuesto al miembro fundamental, el propio Lizzy Borden a la voz, con esos registros tan a lo Bruce Dickinson; también está el batería original, el señor Joey Scott, y otro miembro nuevo, el guitarrista Ira Black, al que hay que reconocer un nivel altísimo, el mismo que tenían en los gloriosos ochenta todos aquellos guitarristas que descubrió el señor Mike Varney cuando se dedicaba a lanzar a talentos entonces nuevos como Ritchie Kotzen o Marty Friedman (y mirad dónde andan ahora).
El sonido del disco es el que se podía esperar de Lizzy Borden: heavy metal a saco, del que hacían gentes como Metal Church en su primer disco, o los olvidados Malice; ya sabéis, todas aquellas formaciones americanas que en los ochenta intentaron revivir en USA el sonido de la Nueva Ola del Metal Británico, importar a Estados Unidos las sonoridades de Maiden o Judas Priest. Nunca lo consiguieron porque se les puso el thrash metal por delante, y luego llegó el grunge y todo se fue a la porra.
Lo que está más que claro es que Lizzy Borden, como los antiguos guerreros, nunca se rinden.
Artículo escrito por ignacio rielas