Sello: SPV
Mágnum es uno de esos grupos valores seguros del hard rock británico de todos los tiempos. Han surgido muchas veces y otras tantas han vuelto a desaparecer. Ahora, desde su último renacer, llevan ya tres discos en estudio, y el núcleo principal de la banda, el cantante Bob Catley, el guitarrista Tony Clarkin (muy calvo ya él, el tiempo no pasa en balde), y el teclista Mark Stanway, siguen al pie del cañón ofreciendo ese tipo de hard rock melódico que no llega al AOR, por más que en algunas ocasiones de su carrera, de su larga carrera desde finales de los setenta, Mágnum hayan tonteado en el estilo norteamericano.
Lo primero que llama la atención es la enorme versatibilidad de su cantante Bob Catley, la forma tan distinta que tiene de hacérselo en Mágnum a su banda en solitario. En solitario, en sus últimos discos, Catley muestra una cara muy fuerte, muy hard e incluso heavy, mientras que en Mágnum, concretamente en este disco, Catley hace un trabajo mucho más relajado, reposado, como si se contuviera, como si quisiera demostrar que tiene dos registros (al menos, dos) muy distintos. Caramba, si en el tema “Like Brothers we Stand” recuerda al mismo Rod Stewart.
Mágnum es una banda que ya está por encima del bien y del mal, por así decirlo. Un grupo que ahonda en ese rock melódico que tanto puede gustar a un fan de Rush, Saga o Triumph, tres bandas, por cierto, canadienses, con las que Mágnum tienen algo en común.
A Mágnum en España nunca se les ha hecho mucho caso, será porque jamás se han adscrito a los ritmos imperantes. Vivieron todas las fiebres del metal: la new of british heavy metal, el trhash, el death, el black, el grunge, el nu metal... Todos esos estilos los han visto Mágnum pasar a su lado, y ellos siguen firmes, como una roca, como si el tiempo no pasara para ellos, con canciones frescas para seguidores del rock atemporal, muy melódico, en ocasiones tranquilo y en otras con guitarras aceradas.
Aunque, no nos vamos engañar, Mágnum ya son un grupo que tiene incluso influencias de rock clásico.
Artículo escrito por ignacio rielas