Sello: Frontiers
Había mosqueo en el ambiente con el nuevo y esperado disco de los alemanes Primal Fear, capitaneados, como siempre, por el dueto Matt Sinner y Ralf Scheppers, dos personajes que llevan camino de convertirse en una leyenda del metal alemán, al lado de nombres tan principales como Accept o Helloween. Van camino de ello, sin duda.
Digo que había mosqueo porque la crítica no recibió muy bien el anterior redondo de la formación, el no tan nefasto “Seven Seals”, un disco en el que se alejaban de su metal clásico a lo Judas Priest para introducirse por unos vericuetos un tanto experimentales, más “blandorros”, más americanizados, algo así como lo que hacían algunas grandes bandas británicas en los ochenta cuando intentaban conquistar el mercado americano (recuerden Judas Priest en “Turbo”, y Saxon en “Destiny” o “Innocence is no Excuse”).
Para acabar de mosquear al personal, el contrato con Nuclear Blast se fue al diablo, y Primal Fear firmaron nada menos que con Frontiers, sello que a pesar de que se está abriendo últimamente a sonidos más duros (recordemos que distribuyen el doble recopilatorio de Rob Halford, o que están lanzando también a los metal progresivos Circus Maximus), hay que tener muy claro que se trata de una escudería volcada en el hard melódico y el AOR, con lo cual la gente se empezaba a temer que ese giro hacia sonidos menos duros iba a ser confirmado en esta nueva entrega.
La sorpresa llega cuando nos topamos con un disco que vuelve a los orígenes de Primal Fear, a la altura de sus clásicos, con esas guitarras robadas directamente de Judas Priest, robadas sí, pero que hay que tener pero que mucha clase para hacerlo y no caer en el ridículo.
Han publicado un álbum muy correcto, mucho mejor que “Seven Seals”, no defraudarán a ninguno de sus seguidores de la antigua escuela, de los que compraron sus tres primeros redondos. Saben lo que se hacen estos tipos.
Artículo escrito por ignacio rielas