Sello. Bodog
Parece como si estuviera habiendo una nueva oleada de bandas de punk pop al estilo de las que salieron en los años noventa a rebufo del éxito de Bad Religión y Green Day (y también Offspring). Lo que pasa es que el trabajo de estos de la ley no escrita hay que tomarlo de una manera adecuada, porque, en primer lugar, no se trata del típico power punk pop en plan Pennywise y tal.
Es cierto que tienen ese toque ingenuo que puede acercarlos a bandas por el estilo, a formaciones que uno relaciona con el skate board, con la estética rapera y hasta con el emo core.
Y ahí es donde queríamos llegar, al emo core. Porque los de la ley no escrita parecen haber encontrado una especie de nuevo estilo, un thrash emo core, si tal etiqueta tiene algún sentido, porque por un lado las voces son completamente emo, pero las guitarras a veces son tan potentes que uno se pregunta si estos muchachos (que no lo son tanto, porque llevan en esto desde principios de los noventa) no habrán escuchado hasta el hartazgo algún disco de death metal.
Están en un camino intermedio entre las formaciones emo subterráneas y esos grandes grupos de punk pop de los que hablábamos más arriba: hay buenas melodías, voces muy cuidadas y composiciones de lujo. Sobre todo las líneas de guitarra son muy limpias cuando se ponen a ello, apenas hay solos, en eso son muy punk, y nada de poses extrañas hay aquí.
Una gran actitud para un gran disco de una formación que lleva en esto, nada menos, desde principios de los noventa, y ya en la foto se les ve que van teniendo sus buenos treinta años. O casi.
Artículo escrito por ignacio rielas