Sello: Century Media
Desde luego la banda alimenticia de Mike Ammot no deja de sorprendernos; como no deja de sorprendernos el propio Ammot, el hombre que perteneció a Carcass, la leyenda pionera del grind en la Gran Bretaña de la era Tatcher, cuando Napalm Death abrieron camino para tantos y tantos combos de metal extremo que, de no haber sido por la labor de estos pioneros, nunca hubieran visto su sueño hecho realidad.
Mike Ammot emigró al norte de Europa, formó Arch Enemy y durante años alimentó un proyecto de grupo tirando para el death melódico influido por formaciones como los obvios In Flames. No acababan de cuajar Arch Enemy hasta que contrataron hace ya cinco o seis años a la cantante alemana Angela Gossov, quien le dio al grupo un toque distinto, y además muy apartado de todas esas tendencias de formaciones con chica al frente. Porque si algo hay que reconocer a Arch Enemy es que no tienen nada que ver en absoluto con esos grupos góticos que invaden y, en algunos casos, contaminan la escena metálica con propuestas demasiado parecidas entre sí, hasta clónicas podíamos decir.
Llevan ya un montón de discos Arch Enemy, y lo que han hecho en este ha sido volver a los estudios de grabación donde pergeñaron sus primeros cedés, además de que han reiterado su insistencia en ese metal cañero, personal gracias a la voz de Angela, pero también gracias a la guitarra del propio Mike Ammot, un hombre que, nos tememos, mientras siga sacando discos como este y acumulando éxitos tras éxitos tanto en el estudio como en los escenarios, nos dejará con hambre de su otro proyecto, los increíbles Spiritual Beggars.
En cuanto a este redondo, qué decir; muy compacto, quizá el mejor disco que Arch Enemy han hecho hasta la actualidad, en una trayectoria ascendente que parece no ir a decaer nunca; temazos de heavy metal brutal, death muy melódico, thrash en algunos casos, gamberro, cafre y muy muy bien producido.
Un producto de primera que recomendamos encarecidamente a todos sus seguidores después de haberlo oído sin parar durante días. Un disco comparable a las grandes obras del melódico extremo sueco de finales de los noventa como “Projector” de Dark Tranquility o “Figure Number Five” de Soilwork, aunque hemos de decir que la presencia de teclados en Arch Enemy es prácticamente testimonial, quedando las intervenciones de sintetizador como un mero acompañamiento de fondo sólo en momentos muy precisos; aquí las que mandan son las guitarras, oigan.
Artículo escrito por ignacio rielas