Sello: Nuclear Blast
Había una enorme expectativa por saber qué iban a ser capaces de hacer los suecos Candlemass después de la marcha escopeteada del señor Messiah Marcolin, uno de los cantantes más “grasos” del mundo, un tipo que le había dado a Candlemass lo mismo que Ozzy a Black Sabbath: esa personalidad indiscutible que apartaba a la banda de la oleada de formaciones que se confunden unas con otras por falta de personalidad musical.
Pero al igual que en los ochenta Black Sabbath toparon con Dio, ahora Candlemass han encontrado los servicios de un reputado vocalista que no es para nada una copia de Messiah Marcolin, aunque algunos puntos en común sí que tiene con él.
El disco que han sacado Candlemass es una pasada. Reconozco que su anterior “Candlemass” me encantó, y que fue uno de los cedés que he estado escuchando durante meses, todos los días, en mi reproductor desde el momento en que llegó a mis mano. Tenía esperanzas en que con el siguiente, con éste, hicieran algo bueno, pero no estaba preparado para tanta calidad. Han sacado un disco brutal, con esas guitarras que son marca de la casa y que los acercan, precisamente, a Black Sabbath en su época con Dio y sus dos primeros álbumes con Ozzy.
Lentitud en algunos temas, rapidez en otros, junto con Paradise Lost, Candlemass son una de esas bandas que no debiera perderse ningún fan del metal actual. Parece increíble la brutalidad contenida que tiene este disco. Desde su retorno con “Candlemass”, estos suecos han demostrado que están en muy buena forma, y que le pese a quien le pese, la marcha de Messiah Marcolin no les ha afectado lo más mínimo. Está claro que la presencia del gordo cantante era sustituible, que nadie se convierte en imprescindible en estos tiempos que corren.
Corred por este disco en cuanto salga porque es un pasote total.
Artículo escrito por ignacio rielas