Sello: Nuclear Blast
Pocos grupos han estado tan cerca de la gloria como Samael, y pocos grupos han visto como sus expectativas, a pesar de la calidad de su música, se han visto tan defraudadas. Samael, suizos ellos, son uno de esos grupos que pueden tristemente atestiguar que la calidad de una banda no siempre va pareja con el seguimiento del público.
Desde luego, parte de ello es culpa del propio grupo, porque aunque se fundaron a principios de los noventa, y comenzaron a editar discos nada menos que en 1991 (ya ha llovido) con un trabajo que los introducía directamente en la vertiente black metal, luego han sido tantos los tiempos de silencio, las épocas en que la formación no ha sacado nada a la luz, que la gente se ha ido olvidado de ellos. Por ejemplo, el anterior disco al presente que nos ocupa es de hace tres años, de 2004, pero es que el anterior a ese es nada menos que de 1999. Tres discos en ocho años son pocos para un grupo que ha de luchar para hacer recordar su nombre entre la vorágine de formaciones que están pegando fuerte para que su música tenga cabida en la memoria de los metalheads.
Samael, además, han sufrido enormes cambios estilísticos; como sus compañeros de correrías Moonspell, Samael empezaron, ya se ha dicho, con un sonido cercano al black metal, y luego, como los portugueses, han ido derivando hacia sonoridades mucho más tecnológicas, que no más asequibles, pero siempre más melódicas, sin ser tampoco ninguna banda influida por el sonido Gotemburgo, sino más bien por ese rock gótico que practican grupos como Paradise Lost, por más que la equivalencia de ambas bandas hay que buscarla con lupa. Samael tienen un sonido propio, una esencia que los hace diferenciables dentro de la enorme oferta que es el mercado actual.
Personalmente, llevaba años esperando un disco como éste. Samael hacen bueno aquel dicho retórico de que “la espera ha merecido la pena”, pero es que es verdad. Un redondo a la altura de aquel mítico “Eclipse” de los mediados de los noventa, un trabajo con su caña, su melodía y su producción (como suele ser norma en Nuclear Blast) más que cuidada.
Un disco que satisfará las expectativas de sus seguidores de toda la vida, que los pondrá en marcha para nuevas giras y que puede enganchar a algún fan nuevo, ávido de sensaciones desconocidas.
Artículo escrito por ignacio rielas