Oír un disco de The Flower Kings es una experiencia surrealista a veces, un viaje al pasado. Pinchas su último redondo y te ves transportado a los años setenta, cuando sus paisanos y padres putativos Kaipa asolaban las tierras nórdicas con su rock progresivo influido por las formaciones británicas que en la primera mitad de esa década hicieron del sinfonismo rockero una forma de vida, un modo de entender la música que tuvo tantos admiradores como detractores, un estilo musical del que los punks del 77 se vanagloriaban por haber contribuido a su muerte.
Como todo el mundo mínimamente informado sabe, no hubo tal muerte, sino que el progresivo, durante la década siguiente, pasó al movimiento subterráneo, algo que pasmó a los mismos que contribuyeron a su aniquilación, pues ni ellos mismos, los resabiados punks, habían previsto que un género como ese, al parecer llamado para ser puesto en escena en grandes estadios, pudiera generar interés en pequeñas salas.
Así fue, y así son The Flower Kings, un grupo al que no hace falta grandes parafernalias para desarrollar el talento que sus componentes llevan dentro.
He leído por ahí alguna crítica sobre que estos suecos lanzan demasiados discos; me parece a mí que el artista debe desarrollar todo el potencial que tenga dentro; uno nunca sabe cuando va a estar más o menos creativo, esto no es como trabajar en una obra, que pones ladrillos poco más o menos igual un día u otro, aquí estamos hablando de la tan mentada “inspiración”, algo de lo que The Flower Kings andan sobrados ahora, por lo que no sería lógico que guardaran sus ideas en un cajón y no les dieran salida.
Hombre, si se tratara este de un disco de relleno, yo entendería ese tipo de críticas, pero estamos ante un trabajo que, después de su recopilatorio de hace unos meses, nos vuelve a confirmar que esta peña tiene ideas de sobra.
Aquí encontramos influencias de Jon Anderson de Yes en la voz, grandes suites de largo minutaje y una ejecución que por su exactitud recuerda a la de bandas de jazz rock; un grandísimo disco para los amantes del progresivo, que no os líen.
Artículo escrito por ignacio rielas