Sello: Dockyard 1
Hay algunas características en Vanishing Point que los convierten en una banda de raro sustrato. Por lo pronto practican metal progresivo con grandes influencias power, lo que no es tan raro en estos días en que grupos como Pagan’s Mind se lo montan una y otra vez con esa misma fórmula.
Lo que hace distintos a Vanishing Point es que provienen de Australia, y que ya llevan con este, creo recordar, cuatro discos, que han sido acogidos como teloneros por bandas como Gamma Ray, que han tocado en festivales como el Waken Open Air de Alemania, y que a pesar de todo, tienen una personalidad propia que los distingue de la plétora de grupos de esa cuerda de metal progresivo con influencias power.
Las influencias, de hecho, son más que patentes, y acercan a Vanishing Point a grupos como los inconmensurables Symphony X, combo con el que tienen más de un punto en comúm quizá más de lo que ellos mismos, Vanishing Point, quiero decir, están dispuestos a admitir.
En todo caso, la producción de este disco te deja de piedra, la voz de su cantante es de una potencia imprescindible en este tipo de música, algo ampulosa, se podría decir, algo pretenciosa, con esos coros tomados directamente de la escuela Helloween de los ochenta; ampulosos, sí, como digo, pero llenos de una fuerza que hace olvidar algunos de sus defectos.
Sin ser ninguna maravilla, hay que reconocerles a estos australianos que se están abriendo camino en el difícil mercado de las bandas de la onda Blind Guardian, Mob Rules o Stratovarius; han ayudado a crear ese metal progresivo power del que hablábamos más arriba, y desde luego que hasta que la fórmula se agote, tienen un público potencial al que sólo hay que llamar la atención sobre lo acertado de este tipo de propuestas.
El mundo del metal goza de una gran salud, no es esa una banda de ventas millonarias, pero son lo suficientemente dignos como para no hacer el ridículo ni dejar en mal lugar al sello alemán Dockyard 1, una label, como se dice ahora, dispuesta a apoyar el mejor metal, y si no que les pregunten a los que compraron el último redondo de los nórdicos Lake of Tears, otro de sus fichajes en los últimos tiempos.
Artículo escrito por ignacio rielas